miércoles, 4 de noviembre de 2009

Editorial: Lo de menos eres tú


Steve Martin y Alec Baldwin. Uno de los secretos más importantes de los Oscar cada año ya se ha desvalado. Hacía 23 años que la ceremonia no se presentaban de forma conjunta. La última vez fue en la 59º edición, con Chevy Chase, Goldie Hawn y Paul Hogan. Esto, sin duda, es un primer aliciente interesante para poder especular qué tipo de espectáculo quieren ofrecernos Bill Mechanic y Adam Shankman. Acostumbrados a la figura individual, la mezcla se presenta casi como un componente original que no sabemos muy bien hacia dónde estará orientado.
La primera idea que se viene a la cabeza es muy simple: retorno al estilo clásico. Humor para abrir la gala (sin posibilidad para el monólogo dada la dualidad), y entre Oscar y Oscar algún gag ocurrente sobre el desarrollo de la ceremonia (si hay lugar para la espontaneidad) o uno prefabricado. Si esto fuera así, nos encontraríamos ante una especie de involución. El año pasado, Condon y Mark quisieron romper los esquemas tradicionales (no sólo del desarrollo de la ceremonia, sino también de la propia disposición de los asientos y su cercanía con el escenario) y que la gala fuera una especie de cabaret moderno y glamouroso que despertara la atención del espectador. Y se consiguió. En buena cuenta, porque el anfitrión fue el más idóneo para esta labor. Sin embargo, esto no es lo habitual, y ahí Mark y Condon rompieron otro lazo con el pasado. El maestro de ceremonias habitual de los Oscar sólo se prodiga durante los primeros diez minutos de gala. Después su presencia se va difuminando hasta casi desaparecer entre la algarabía y la decepción de los premios. Por eso, para que un presentador sea recordado, esos diez primeros minutos deben ser intensos, sorprendentes y graciosos. Todo lo demás ya no merece la pena.
Cuesta mucho imaginarse a Steve Martin y Alec Baldwin intentando coger el testigo que deja Jackman con presuntuosos y vistosos números de baile. Sin embargo, la formación y brillantez de Shankman dirigiendo numeros musicales quedaría desaprovechada. Puede que lo que intenten sea una mezcla, o puede que finalmente sea la opción de ambos la vía de escape más fácil y rápida que han encontrado. No nos podemos olvidar que ellos no han sido ni la primera (Jackman) ni la segunda (Stiller y Downey Jr.) opción de los productores, y eso pesa mucho a la hora de crear una función tan importante como los Oscar. No podemos ignorar tampoco que estamos en un año de grandes cambios (diez candidatos a mejor film, salida del Oscar honorífico... hasta nuevo presidente de la Academia) y quizá Mechanic y Shankman decidan crear un estilo personal que pueda imitarse en próximos años.
Difícil tienen superar el resultado del año pasado. Sin embargo, lo que nunca podemos olvidar es que, al final, lo menos importante es el presentador. Lo relevante es que la gala sea dinámica, ágil y sorprendente. Y lo fundamental, por encima de todo, es que por los Oscar compitan películas de gran nivel. Esas son las ceremonias que realmente se recuerdan. Y si encima los ganadores son difíciles de vaticinar, muchísimo mejor.

1 comentarios:

Xavier Vidal dijo...

De una nos hemos salvado: STILLER es insoportable.
El duo puede funcionar, pero dificilmente superara el trabajo del año pasado.
Yo solo espero que mantengan el sistema de entregas de Oscar a los actores del año pasado. Al poner los nominados en primera fila, al dotar de luz tenue al Kodak Theatre y al tener 5 actores o actrices presentando y comentando el trabajo de los nominados la entrega del Oscar es m´´as intensa y emotiva; convierte los Oscar en lo que debereria ser: una reunion de amigos... algo con magia.

Saludos!